miércoles, 23 de septiembre de 2009

SIMBOLOGÍA DE LOS COLORES.(I)



Los colores son símbolos no solo por el significado que se les puede otorgar, los colores son portadores de significado, confiere a objetos un sentido.

Para los egipcios no era nada casual; para ellos la palabra equivalía a ; cuando se dice refiriéndose a los dioses que no se conoce su color, se está señalando su carácter insondable5 de su ser.

Los colores también son símbolos que pueden ser utilizados para embellecer lugares, crear ambiente favorable que ayuden a desvanecer temores o a propiciar sentimientos de alegría y tranquilidad. De esta manera, los colores están tanto a niveles físicos como psíquicos de las personas constituyendo así una fuente importante cercana a la experiencia humana.


Desde ya épocas lejanas en la prehistoria los hombres asociaban los pigmentos rojos a ritos funerarios.

Desde el momento en que empezaron a establecer la base de un arte, incluso cuando este era únicamente utilitario y no se extendía a una preocupación exclusiva de estética, este arte echó mano del color.
Las figuras de animales que adornan las praderas de las grutas de Altamira, de Font-de-Gaume, de Lascaux…, echan mano ya de una paleta en que el amarrillo y el rojo de los ocres, el bistre y el negro de los óxidos de manganeso, les aseguran a los hombres del paleolítico el poder de componer un simbolismo en que el color se añade a la imagen e incluso probablemente se funde con ella. Estas imágenes, en efecto, son ante todo figuras de sortilegio.

Las pinturas rupestres representan más cuadros de casa que de animales deificados, y esto hace que allí dominen el reno y el bisonte, y que el arte cuaternario, durante mucho espacio de tiempo, sea esencialmente pintor de animales.
Sin embargo, la preocupación por el color parece a veces desbordar y sobrepasar la del realismo, siempre muy viva. En Lascaux por ejemplo, los “blasones” policromos aparecen ya como signos tribales. Al carácter utilitario y mágico, se une ya entonces una utilización del color como firma distintiva de una familia o de un individuo.

Ciertamente es difícil y delicada interpretar los descubrimientos relativos a épocas tan lejanas, pero la analogía entre los hombres de entonces y la de algunas tribus salvajes actuales, permite establecer interesantes relaciones. Todavía en la actualidad algunos indígenas australianos adornan sus grutas y sus peñascos y así mismos sus propios cuerpos con dibujos rojos y blancos de significación ritual. No son artistas en el sentido propio del término, sino “hechiceros” que practican esta ornamentación y lo hacen en el curso de ceremonias cuidadosamente orquestadas, acompañadas de cantos y de danzas rituales.

Las menciones de muchos viajeros, exploradores, antropólogos que aseguran que los salvajes son muy ávidos de los colores brillantes, no han sido interpretadas siempre como convenía. Cuando los sudaneses se colorean el rostro de ocre rojo, o los indios se tiñen la piel de colorantes rojos, se trata de ritos bien determinados y no de fantasía justificable de lo que nosotros llamamos “moda”.
No fue sino mas tarde cuando las figuraciones rituales, junto a propósitos religiosos o mágicos, totémicos o utilitarios, le hicieron lugar al arte verdadero. El arte de color había tomado entonces su lugar natural y se unía con toda naturalidad al de las formas.


Los egipcios, los caldeos, los asirios, supieron jugar muy ampliamente con sus esmaltes blancos, verdes, etc. Los fenicios conocían la tintura. La púrpura del Tiro era ciertamente una materia noble y reservada a los dignatarios, pero su uso señalaba ya una evolución iniciada en las más lejanas tradiciones hebraicas, y los caldeos conocían los tintes vegetales y el de la cochinilla de Indostan.

Haciendo de esta manera un amplio uso de los colores, era muy natural que el hombre, espíritu crítico y curioso, intente conocer las causas y las razones de este aspecto de las cosas. De hecho, el color figuró entre los fenómenos naturales que preocuparon vivamente a los sabios, los artistas y los poetas de todos los tiempos.

Los antiguos admitieron en primer lugar, que los fenómenos de coloración resultaban de una debilitación de la luz blanca. Aristóteles suponía que todo color era una mezcla de blanco y de negro, y que lo oscuro provenía de la reflexión de la luz por los cuerpos puestos. Esta hipótesis permanecerá viva, incluso después de Newton.

Si nos ponemos a hablar de las civilizaciones antiguas, podemos decir que el hombre sintiendo más o menos confusamente el poder del mensaje de los colores, asoció estos a conceptos, a sentimientos, a signos y ha llegado hasta crear a veces un verdadero lenguaje de los colores que incluso conocen, de otra manera, algunos animales.

Ya en épocas prehistóricas, el rojo, enlazado al mito del fuego y de la vida, era utilizado en los ritos funerarios.
Los caldeos les daban a sus zigurats colores diferentes para cada piso y en relación con un simbolismo estrecho.
En el antiguo Egipto, el simbolismo de los colores estaba muy evolucionado. El rojo era el fuego y el amor, pero si se trataba de fuego subterráneo impuro, es un pardo donde el rojo se mezcla de negro. El verde estaba asociado a la esperanza y al primer grado de la regeneración espiritual; el azul, el aire y a la sabiduría; un zafiro le sirve de atributo al gran sacerdote.
Todo esto se encuentra de nuevo y se amplifica en la antigua Grecia y en Roma. Zeus-Júpiter; Dionisos- Baco lleva el rojo y tiene como emblema el vino del mismo color, imágenes de la sangre y de la embriaguez que excita la combustión vital.
El verde está consagrado a Venus y a la esperanza. Pero la marca de los colores pasa también al dominio público. Los emperadores se reservan el uso del púrpura, símbolo de su poder, y castigan con la muerte a aquéllos que no respetan esta prerrogativa.

Desde las primeras épocas de la civilización, cuando los hombres se inclinaban hacia los misterios de su destino y extraían algún consuelo de sus religiones, nació todo una simbología del color.
San Patricio escribe en el siglo v:
“Moisés colocó en la casulla de Aarón, que era gran sacerdote de la ley, ocho colores…que son misterios y figuras…, debemos encontrarlos de nuevo en nuestras casullas. Cuando el sacerdote mira el amarillo, comprende que su cuerpo es solo de arcilla y polvo, ningún orgullo debe nacer en su corazón. El azul le ordena alejar de su espíritu los vicios del mundo.
El blanco, parecido al color del cisne, es símbolo de castidad. El verde le recuerda al oficiante que, una vez muerto, será devuelto a la tierra. El pardo le enseña que si es infiel a sus deberes, será castigado en el infierno. El rojo recuerda las llagas del divino hijo crucificado, el negro marca la obligación de llorar sobre sus pecados. El púrpura evoca gloria y majestad celestes…”

No obstante, cada religión tuvo sus colores de símbolo y pronto hubo alguna confusión, también en el siglo IX, hubo una especie de normalización que, hacia el año 1200, el papa Inocencio III hizo oficial para el mundo cristiano. Los cinco colores litúrgicos son:
- El blanco, imagen de pureza y de la luz, expresa la alegría, la inocencia, el triunfo la gloria, la inmortalidad; se emplea en las fiestas del señor, de la virgen, de los santos ángeles y de los confesores, en las ceremonias nupciales.
- El rojo, significa fuego y sangre, amor divino; se lleva en las fiestas del Espíritu Santo, que enciende la llama del amor divino, y en las fiestas de los mártires, en la pasión y en Pentecostés.
- El verde simboliza la esperanza, los vienes que vendrán, el deseo de vida eterna, es el color propio del año eclesiástico, y el gran número de fiestas, solo, es la razón por la cual no se lleva sino en algunos domingos que preceden Pentecostés.
- El violeta, insignia de penitencia, se emplea en adviento, en cuaresma, en las vigilias y en Cuatro Témporas, Septuagésima y Rogaciones.
- El negro finalmente, color de duelo, se reserva para las misas de los muertos y para el Viernes Santo.
Además de los cinco colores litúrgicos, es necesario todavía citar al amarillo, empleado para las fiestas de San José, y el azul, color del cielo, adoptado para la fiesta de los ángeles, y que ha sido utilizado a veces en el pasado por los sacerdotes en los cementerios (como emblema de los cielos).

Los colores también los encontramos en la magia:
Como en la "magia blanca".
"La magia negra". Invoca poderes supranaturales
"La magia verde". Se invoca poderes de los espíritus que viven por lo general por los bosques
"La magia roja". Utiliza objetos o símbolos sexuales.

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